La Economía Argentina en 2024
por Eduardo Conesa / Discurso en el Rotary Club de Buenos Aires, 31 de julio 2024
Antes que nada, agradezco al presidente Jorge brindarme esta prestigiosa tribuna del Rotary Club de Buenos Aires.
Debo aclarar desde el comienzo que, como tengo 87 años de edad, soy un economista de la vieja escuela que estudió en el decenio de 1960 en los Estados Unidos, en tiempos de plena guerra fría entre ese país y la Unión Soviética.
En ese decenio, era de gran interés para los Estados Unidos combatir al comunismo en los todos los países, y el antídoto para ello era promover fuertemente el desarrollo económico del mundo libre.
En efecto, al terminar la segunda guerra mundial comenzó una guerra fría entre los Estados Unidos que pretendía imponer en todo el mundo el sistema capitalista con la propiedad privada de los medios de producción, por una parte, y la Unión Soviética que pretendía imponer en todo el mundo “dictaduras del proletariado” y la propiedad pública en los medios de producción.
No podía haber una guerra abierta porque ambas potencias poseían armas atómicas que destruirían a toda la humanidad.
¿Qué hizo Estados Unidos en lo económico? Antes que nada, en Japón y Alemania occidental, países reducidos a la pobreza extrema y a escombros por la segunda guerra mundial.
En 1948, en Japón por intermedio del primer ministro Shigeru Yoshida, Estados Unidos propició 4 medidas fundamentales. Primero un tipo de cambio recontra alto que pasó de 100 yenes por dólar a 365 en 1948. Segundo, superávit fiscal. Y tercero estricta meritocracia en la administración pública. Todo ello con libertad de mercado y propiedad privada de los medios de producción acompañado de un sistema de democracia liberal de dos partidos, donde el Emperador era un mero símbolo de la Nación. El resultado fue que las exportaciones japonesas se multiplicaron en términos reales 60 veces entre 1950 y 1980 y Japón se convirtió en un exitoso país desarrollado capitalista, aliado firme de los Estados Unidos.
En la Alemania occidental de Konrad Adenauer y Ludwig Erhard de 1948, destruida por la segunda guerra mundial, Estados Unidos hizo lo mismo. El marco alemán se depreció en 1948 de 2 marcos por dólar a 4,2 marcos por dólar. Por supuesto con meritocracia estatal, superávit fiscal y propiedad privada de los medios de producción. Las exportaciones alemanas se multiplicaron enormemente y en algo más de 20 años, cerca de 1980, Alemania occidental llegó a tener un nivel de vida 4 veces superior al de Alemania oriental, bajo el régimen comunista
Lo mismo propició Estados Unidos con Taiwán en 1957 y con Corea del Sur en 1961. Corea del Sur era un país paupérrimo que había sido explotado por los japoneses desde 1900 hasta 1945. Solo tenía como recursos naturales montañas de silicio y un 15% de su tierra era arable. Para comparar recordemos que, en 1960, la Argentina exportaba por mil millones de dólares anuales, contra solo 30 millones por Corea del Sur. Es decir que exportábamos 30 veces más que ellos. Estados Unidos exhausto por la guerra de Corea no podía prestarle dinero a Corea del Sur, pero le dio tres consejos al General Park Chung Hee: tipo de cambio real altísimo, devaluación del 100% en términos reales, superávit fiscal y meritocracia estricta en la administración pública. Hoy a 2024, 64 años después, Corea del Sur es un país que tiene aproximadamente la misma población que Argentina, exporta por 800 mil millones de dólares anuales, es decir 10 veces más que la Argentina que solo exporta por 80 mil millones de dólares. Lo pueden ver ustedes por ejemplo en los teléfonos celulares Samsung que se fabrican en Corea y nosotros los consumimos, pero empacados en cajitas desde Tierra del Fuego. En definitiva, Estados Unidos, con sus recetas macroeconómicas y estabilidad política, pudo convertir a Corea en un país desarrollado y capitalista a pesar de no contar con recursos naturales, y ni siquiera capital humano en 1960.
Pasemos a América Latina.
En el decenio de1960 la situación se agravó debido a la muerte de Janio Quadros, presidente del Brasil y la asunción de su vicepresidente, Joao Goulart, que era además un gremialista comunista. Goulart era amigo de Breshnev y de los líderes de la USSR en ese entonces. Si Brasil caía en el comunismo toda América Latina corría el mismo riesgo. ¿Que hizo Estado Unidos? Envió al coronel Vernon Walters de la CIA, a conversar con los generales brasileños para que hagan un golpe de estado, pero con una prevención, los generales brasileños debían seguir una política económica super-desarrollista para satisfacer a las clases medias y trabajadores del Brasil: de lo contrario el golpe de estado militar iba a ser muy contraproducente. Y así fue que las recomendaciones de USA fueron tipo de cambio real recontra alto con una devaluación del 200% y además indexando el tipo de cambio con el índice de precios al consumidor brasileño, pero sin des-indexar por el índice de precios al consumidor estadounidense: en la práctica un tipo de cambio real recontra alto y más todavía para el futuro. También superávit fiscal. Por supuesto meritocracia en la administración pública. En el sector agrícola, la meritocracia brasileña impuesta por USA permitió fertilizar millones de hectáreas de tierras de bosques improductivas y sembrarlas con soja. Derechos de exportación bajos a los productos primarios de exportación, siempre que sean sin elaborar. El resultado fue que Brasil creció al 9% por año entre 1964 y 1984 durante los gobiernos militares. Al respecto debemos tener presente lo siguiente: en 1960 los PBI globales de Argentina y Brasil eran similares, a pesar de que Argentina tenía 20 millones de habitantes y Brasil 200, es decir era 10 veces más poblado, pero con niveles de vida paupérrimos, excepto para las clases altas. Veinte años después, en 1985, al terminar los gobiernos desarrollistas militares brasileños, inspirados por Estados Unidos desde 1964 hasta 1984, el PBI global brasileño era 4 veces mayor que el PBI global argentino: en otras palabras, la economía argentina se achicó 4 veces en relación a la brasileña entre 1964 y 1984.
Pero quizá el caso mas notable para estudiar por los economistas argentinos sea el de Chile, cosa que nunca hicieron. En 1973 gobernaba Chile el presidente socialista Salvador Allende Gossens, de estrecha afinidad con Breshnev y toda la dirigencia soviética: los Presidentes Nixon y Ford de Estados Unidos organizaron en septiembre de 1973 un golpe de Estado, por medio de la CIA en dos etapas, primero una huelga de camioneros que sumió a la economía chilena en un caos y segundo se logró convencer al general Augusto Pinochet, de buena relación con Allende Gossens, que derribara al presidente socialista mediante el golpe de Estado que se produjo en septiembre de 1973. Estados Unidos sugirió como ministro de economía a un graduado de Ph.D. en el MIT, Jorge Cauas que trabajaba como simple economista en el Banco Mundial, igual que el que les habla, en ese entonces. Lo recuerdo muy bien era un “pelado” muy simpático. Cauas, sin duda con el respaldo de Estados Unidos, transformó la economía chilena a la perfección. Antes de Cauas, Chile imponía derechos de importación del 1000% para algunos productos, 400% para otros, 200 % para algunos u cero para los demás. Su economía era un caos: Cauas unificó los derechos importación en una tasa uniforme del 10% para todos los productos de importación, pero devaluó el peso chileno en un 300% y además indexó el tipo de cambio con el índice de precios al consumidor. Equilibró las finanzas públicas eliminando el déficit fiscal.
El cobre era de lejos el principal producto de exportación de Chile. Si bien se fomentó a empresas mineras privadas productoras, toda la producción debía venderse a la CODELCO, la corporación del cobre, que monopolizaba todas las exportaciones. Exportaba cuando el precio internacional del cobre estaba alto y lo retenía cuando el precio internacional estaba bajo y así maximizaba el valor de las exportaciones chilenas de cobre, porque la curva de demanda mundial de cobre es muy inelástica al precio y el precio baja fuertemente si hay mucha oferta en los mercados mundiales y poca demanda
Para las demás exportaciones Chile otorgaba el tipo de cambio alto fijo e indexado siempre en términos reales. Pero quizá, lo más importante de la economía chilena, fue que consolidó el mejor sistema monetario del mundo, según el premio Nóbel y profesor de la universidad de Yale Robert Schiller: en efecto si bien la moneda de Chile es el peso chileno y lo emite el Banco Central de Chile, por otra parte, todos los depósitos a plazo fijo en los bancos a más de tres meses de plazo están indexados con el índice de precios al consumidor y confieren un interés anual del 2%. Por ello el ciudadano chileno no compra dólares para ahorrar. No fuga capitales. El dólar está sujeto a una inflación de 3 o 4% por año, en tanto que, colocando los ahorros en un plazo fijo en un banco chileno a más de 3 meses, los ahorristas chilenos ganan un interés de 2% anual, en términos reales y así mantienen y acrecientan su capital. Por otra parte, los bancos están obligados a re-prestar esos fondos a las empresas también indexados, lo cual obliga tanto a las empresas como a los bancos a hacer un riguroso análisis de costo beneficio de los proyectos de inversión empresarial antes de hacer un préstamo.
Al contrario de Chile, en la Argentina, a causa de las sobrevaluaciones cambiarias frecuentes, de la inflación casi permanente y de los enormes riesgos de invertir que crea la inestabilidad de nuestra economía, se han fugado entre 300 mil y 400 mil millones de dólares en los últimos 60 años lo cual podría haberse evitado con un sistema monetario y cambiario similar al chileno.
Pero, sin embargo, Chile tuvo un fuerte tropiezo económico de sobrevaluación cambiaria entre 1977 y 1982. En efecto, en febrero de 1977 asumió la presidencia de los Estados Unidos el granjero de maníes de Georgia James Earl Carter, quien asesorado por el eminente profesor de Columbia de origen noble, el polaco Zbigniev Brezinski, indujo a Carter a abandonar las políticas de fuerte desarrollo económico para los países pobres y dejar de entrenar a sus fuerzas armadas en la lucha contra el terrorismo comunista, y por, el contrario, proclamar a los Estados Unidos como el gran defensor de los derechos humanos, porque detrás de la cortina de hierro, en los países comunistas, la gente vivía aterrorizada por no adherir firmemente a las teorías marxistas-leninistas de los gobiernos de una manera explícita. Los muertos y los desterrados a los hielos siberianos sumaban millones y ni que hablar en China comunista, Vietnam, Laos y otros países donde pereció un cuarto de la población por persecuciones ideológicas y políticas.
El Dr. Zbigniev Brezinski, no solamente era hijo de un conde polaco, sino que estaba casado con la hija de Eduardo Benes, un ex presidente de Checoeslovaquia, fuertemente anticomunista.
Por otra parte, en la Argentina desde 1973 hasta 1976, los gobiernos de Cámpora, Isabel Perón y López Rega nunca gozaron de la simpatía de los Estados Unidos, sea por el “montonerismo-erpiano” pro comunista de Cámpora, sea por la ineptitud de Isabel Perón y López Rega
Estados Unidos cambió radicalmente su vieja política seguida uniformemente desde 1948 hasta 1976-77 de aconsejar la política de crecimiento económico de los países en desarrollo y al mismo tiempo ayudar a sus fuerzas armadas en su lucha contra las guerrillas procomunistas.
El presidente James Earl Carter de Estados Unidos asumió en febrero de 1977. El general Videla en la Argentina marzo de 1976. Por lo tanto, el apoyo de Estados Unidos al desarrollo económico argentino desde 1955 hasta 1972, se tornó en hostilidad por la cuestión de los derechos humanos, dado que Videla tenía que acabar con los guerrilleros pro-comunistas de montoneros y el ERP, y, por otra parte, EEUU tenía que ser consistente con su nuevo ataque contra la USSR por la violación a esos mismos derechos humanos en todos los países comunistas.
Carter también por la cuestión de los derechos humanos, se puso en contra del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi y provocó su caída en 1978-79. El Sha era un aliado formidable de los Estados Unidos, país que había adiestrado con grandes recursos a sus fuerzas armadas y a su servicio de inteligencia, la famosa SAVAK. Pahlevi se decía descendiente de Ciro el Grande, el famoso Rey persa de 600 años antes de Cristo, que era patrón y libertador de los judíos, a los que liberó de la esclavitud a que los había sometido su antecesor, Nabucodonosor. Por culpa de Carter, los Ayatollas tomaron el comando de Irán y se convirtieron en un dolor de cabeza actualmente para los Estados Unidos y para Israel, incluso para nuestro país con las voladuras de la embajada de Israel en 1992 y la AMIA el 28 de julio de 1994
Carter también quitó el apoyo al Chile de Pinochet a partir de 1977. Fue entonces que el general abandonó la política desarrollista de su ministro de economía Jorge Cauas, dictada por Estados Unidos, e inquieto porque la inflación bajaba solo gradualmente, y para complacer a la extrema derecha norteamericana, removió entonces al exitoso Jorge Cauas, y designó como ministro de economía al Dr. Sergio de Castro, Ph.D. de la Universidad de Chicago y discípulo de Milton Friedman, quien explicó a Pinochet que se podía eliminar inmediatamente la inflación mediante la formula clásica de Chicago: cortar a casi cero la emisión monetaria y con ello se acabaría inmediatamente con la inflación. Pero entonces se produjo un incremento de la tasa de interés a los cielos en Chile, y el país entró en una profunda recesión. El plan inicial de Sergio De Castro fracasó. El ministro entonces echó la culpa a su antecesor, Cauas, que había inaugurado una política de tipo de cambio muy alto e indexado con una inflación gradualmente declinante. Y fue así que Sergio De Castro sugirió a Pinochet la famosa “tablita cambiaria”: si reducimos la tasa de devaluación del tipo de cambio al 3% el primer mes, al segundo, 2,5%, al tercero 2%, al cuarto 1,5% mensual, al quinto 1% mensual, en poco tiempo más la inflación iba a seguir a la tasa de devaluación declinante y se iba llegar a una inflación cero en pocos meses. Pinochet compró la “tablita cambiaria” de Sergio De Castro, pero la inflación siguió su curso y Chile sobrevaluó enormemente su moneda y se encontró con un déficit enorme en su balance pagos que determinó una deuda externa impagable y una caída del PBI del 19% en 1981. En ese año, los generales chilenos pensaron en remover a Pinochet ante su fracaso económico con el monetarista de Chicago Sergio de Castro. Pero en 1982 ocurrió un hecho inesperado: el General Galtieri de Argentina invadió Malvinas y Pinochet, ni corto ni perezoso inmediatamente apoyó a Inglaterra. Y luego, en 1983, rápidamente retomó la política desarrollista de Jorge Cauas, pero con otros ministros, política que se continúa actualmente. Y Chile retomó un fuerte ritmo de crecimiento con tipo de cambio real alto y constante, superávit fiscal, tarifa de importación uniforme del 10% y CODELCO. En fin, como si Jorge Cauas hubiera sido ministro hasta la actualidad. El resultado: en 1960 el PBI per cápita de Chile era la mitad de la argentino. En el año 2020 ya era el doble.
En la Argentina de 1976-81, al igual que en Chile, el ministro de economía, el Dr. José Martínez de Hoz, un abogado prestigioso como tal, se asesoró con dos economistas, Adolfo Diz, Dr. de Chicago y discípulo de Milton Friedman y su asesor estrella, el Lic. Ricardo Arriazu, hoy admirado públicamente por ministro Luis Caputo: Martínez de Hoz copió la política de Sergio de Castro, con restricción a la oferta monetaria y luego tablita cambiaria. Y ocurrió lo mismo que en Chile con Sergio de Castro: fuerte recesión y sobrevaluación cambiaria y una la deuda externa que creció de 9 mil millones de dólares en 1976 a 47 mil millones en 1982 con la economía en una terrible depresión y crecimiento económico negativo. Este fracaso de la economía monetarista y luego de sobrevaluación cambiaria, determinó la imprudente aventura de Galtieri en Malvinas para reganar el prestigio del gobierno militar ante la opinión pública argentina. Pero luego no obstante la valentía y coraje de nuestros oficiales y soldados, sobrevino la rendición del general Menéndez en junio de 1982, y por ello el llamado a elecciones de apuro que en 1983 convocara el nuevo presidente, el general Bignone.
En esas elecciones ganó el Dr. Raúl Alfonsín y yo voté por él, aunque ahora creo que me equivoqué fiero. Este presidente siguiendo la impronta de Carter, quien ya no era presidente de los Estados Unidos al ser derrotado en 1980 por Ronald Reagan, llamó a los Dres. León Arslanian y Carlos Beraldi como presidente y secretario respectivamente de una Cámara Federal ad-hoc para juzgar a los militares por la lucha contra el terrorismo que ellos ganaron, en vez de juzgar a Galtieri, Anaya y Menéndez por la guerra de Malvinas, que ellos perdieron. La Cámara Federal se constituyó en violación del Artículo 18 de la Constitución Nacional según el cual, los jueces naturales deben ser designados antes del hecho de la causa y esos jueces naturales eran el Consejo Supremo de la Fuerzas Armadas y por apelación la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Incidentalmente, cabe recordar que los Dres. León Arslanian y Carlos Beraldi renunciaron inmediatamente a la judicatura de la Cámara Federal, después del juicio a las juntas, para dedicarse a un muy rentable ejercicio profesional y en la actualidad son defensores de Cristina Kirchner y Cristóbal López, a cambio de honorarios de millones de dólares. Pero volviendo a la presidencia del Dr. Alfonsín, recordemos que fue eminentemente clientelista y anti-meritocracia y por lo tanto terminó en 1989 con una hiperinflación del 4% diario y 4982% anual y se vio obligado a anticipar la entrega del poder al Dr. Carlos Saúl Menem en julio de 1989, cuatro meses antes de terminar su mandato.
Al asumir Menem, Estados Unidos ya había abandonado su política de fortalecer el desarrollo económico de los países más pobres, porque el comunismo colapsó en 1989 víctima del avance de su creciente clientelismo y anti-meritocracia después de la muerte de Stalin en 1952.
Desde 1989 en adelante, cada país debía desarrollarse por las suyas. Por otra parte, debe tenerse presente que las políticas desarrollistas de tipo de cambio recontra alto, no pueden difundirse demasiado, porque si todos los países devalúan nominalmente, ninguno puede hacerlo en términos reales, por un imposible matemático.
Por eso Menem probó en 1990 con el monetarismo de su ministro y medio hermano riojano, Erman González, que terminó con una hiperinflación del 1300% anual en ese año. Luego en 1991, logró estabilizar la economía con el ministro Dr. Domingo Cavallo, pero en lugar de hacerlo con tipo de cambio recontra-alto, superávit fiscal y meritocracia estricta en la administración pública, como era recomendado antiguamente por los Estados Unidos desde 1948 hasta 1975, lo hizo con tipo de cambio bajo y endeudamiento externo: sabemos que terminó con una crisis de deuda externa, que creció de 30 mil millones de dólares en 1991 hasta 160 millones en 2001, con un terrible crisis bancaria por fomentar los depósitos en dólares en los bancos del país y una caída del PBI del 10% con una desocupación del 30% en 2001-2002.
El resto de la historia desde el 2001 hasta 2023 es muy reciente, Uds. la recuerdan. Si bien hubo mejoras importantes en la época de Macri, 2016-19, en general se trató de un período de sobrevaluación cambiaria, crecimiento nulo, alta inflación, anti-meritocracia, clientelismo estatal exacerbado y altísimo desempleo que llega actualmente al 50%, si consideramos planes sociales, “ñoquis” estatales, empleo no registrado y desempleo abierto oficial. Así es llegamos al 2023.
Aparece entonces el presidente Javier Milei prometiendo aplicar las recetas de la escuela austriaca, lo cual hubiera sido maravilloso. Yo también voté por él, pero ahora temo haberme equivocado nuevamente en el voto. Respecto de la escuela austriaca y la inflación, Uds. saben que en noviembre de 1923 Alemania experimentaba una hiper-inflación del 20% diario, 5 veces mayor que la del Alfonsín del 4% diario en 1989. Pues bien, el 23 de noviembre de ese año, el economista Hjllmar Von Schacht, alemán de la escuela austríaca, en solo 40 días, en los primeros días de enero de 1924 había logrado una inflación cero y en 1925 -1925, un crecimiento real de la economía alemana de más del 50% en esos dos años.
¿Como lo logró?
Con cuatro medidas: primero con un Banco Central absolutamente independiente del gobierno.
Segundo, el Banco Central tenía terminantemente prohibido prestarle al gobierno.
Tercero, la emisión monetaria solamente podría efectuarse contra compra de oro o divisas fuertes proveniente del superávit comercial externo proveniente de un tipo de cambio relativamente alto.
Y cuarto, con abundante crédito al sector privado alemán para alentar la producción: por ejemplo, un industrial producía y le vendía a un distribuidor que le entregaba un pagaré, pues no había dinero. El industrial lo llevaba a un banco y se lo endosaba. Este último redescontaba el pagaré con tres firmas en el Banco Central que creaba dinero contra mayor producción y una mayor oferta de bienes en el mercado. Es decir, con abundante creación de dinero, pero solamente para el sector privado productivo y la creación de empleo privado. Por eso es que la economía alemana creció un 50% en dos años 1924-25.
Ahora bien, hay una importante diferencia entre la economía alemana y la nuestra. La primera era una economía industrial, lo mismo que la japonesa, la coreana del sur o la taiwanesa, cuyo resurgimiento hemos visto en la posguerra. La economía argentina, por el contrario, es una economía que exporta materias primas y no bienes industriales. El modelo de desarrollo a seguir por la Argentina por lo tanto no es exactamente el austriaco-alemán, sino el chileno-austríaco.
El modelo debe ser el de Jorge Cauas en el Chile de 1973 a 1976 y luego desde 1983 hasta 2020, o el Roberto de Oliveira Campos, ministro de economía del Brasil en 1964 y 1967 y otros como Delfim Netto.
Los países exportadores de materias también deben tener el tipo de cambio recontra-alto como dijera el economista argentino Guido Di Tella. Pero como ya advirtiera el economista liberal inglés, John Stuart Mill en 1834, el liberal australiano Max Corden en años recientes y absolutamente toda la teoría económica moderna sobre el comercio internacional, y nuestro Raúl Prebisch, los países grandes exportadores de materias primas enfrentan el viejo problema de los términos de intercambio si exportan demasiadas materias primas. Por ello deben establecer tipos de cambio recontra altos a la Di Tella, pero con derechos bajos a la exportación de materias primas de no más del 20%. El tipo de cambio real debe quedar recontra alto sin derechos para las exportaciones industriales y servicios, por ejemplo, para exportar baterías de litio, automóviles eléctricos o importar turismo
Pongamos por caso hipotético la Argentina de julio de 2024: el tipo de cambio debiera estar a 1700 pesos por dólar indexado con el IPC argentino y luego des-indexado con el IPC estadounidense. Todo ello con derechos de exportación al litio, al cobre, a la soja, al trigo, al maíz y a todas las materias primas sin elaboración del 20%, lo que les daría a los exportadores de materias primas un nuevo tipo de cambio indexado de 1360 pesos con dólar contra menos de 800 que cobran en la actualidad.
Los derechos de exportación e importación, de acuerdo al artículo 4 de la Constitución Nacional no son coparticipables con las provincias y por lo tanto van a las arcas del Tesoro Nacional exclusivamente.
Como en Chile, los derechos de importación deberían ser del 10% uniforme para las importaciones de todo tipo incluso las de Tierra del Fuego cuyo régimen inconstitucional de privilegio y corrupción debería ser derogado y por lo tanto esta recaudación iría también totalmente a las arcas del tesoro nacional. En total, esta recaudación por exportaciones primarias y todas las importaciones irían en manos del tesoro nacional y sumarían mas de 20 mil ms de dólares.
Ahora bien, si al tipo de cambio sobrevaluado actual, el PBI argentino es de 600 mil millones de dólares, a 1700 pesos por dólar se reduciría a 300 mil millones de dólares, a la mitad, con lo cual los 20 mil millones de dólares de la recaudación al comercio exterior permitirían alcanzar el superávit fiscal: el verdadero antídoto contra la inflación.
La gran reducción del PBI en dólares se verificaría en el propio Estado porque produce bienes y servicios no transables internacionalmente y por lo tanto, deben justipreciarse en pesos y no en dólares. Es decir que, como por arte de magia, la participación del Estado en el PBI, se reduciría del 44% actual al 30%. En otras palabras, de un solo golpe, al instante, mediante una devaluación con fuerte superávit fiscal, se reduce el Estado del 44 del PBI % al 30%. No decimos a la mitad del 22% del PBI, porque siempre, a pesar del superávit fiscal, hay un traslado a precios, sobre todo en los bienes transables internacionalmente
Comparemos con la economía del ministro Luis Caputo y su admirado Ricardo Arriazu, declarado por Caputo como su economista de cabecera: al sobrevaluar el peso, como los servicios del Estado no son transables internacionalmente, se agranda la participación del Estado en el PBI. Pongamos un símil fácil de entender: Caputo aprieta el freno del automóvil echando gente del Estado y reduciendo gastos, y, por el otro lado aprieta el acelerador del auto del Estado agrandando la participación del Estado en el PBI con la sobrevaluación cambiaria como política de Estado para bajar la inflació. Es evidente que el automóvil se destruye: aumenta la desocupación y cierran las empresas. Por eso el FMI se opone fuertemente a Caputo, el ministro que iba a dolarizar y ahora cambia y dice que la moneda será el peso fuertísimo y revalorizado frente al dólar. ¿En qué quedamos?
Por las razones anteriores, el presidente Milei, que es un distinguido economista, debería aplicar las enseñanzas de la la escuela austríaca como lo propuso inicialmente, pero en su variante chilena y hacer una devaluación con superávit fiscal y reasignación de recursos del comercio exterior y con meritocracia en la administración pública.
Además, Milei debería implementar un plan económico integral, como pide el FMI, con todo rigor científico, para solucionar los cuatro grandes problemas de la economía argentina: la inflación, el desempleo, el crecimiento económico y la deuda externa.
El ataque a estos problemas debiera ser global y simultaneo. Y con tantos instrumentos de política macroeconómica, como objetivos macro existan. Es un problema matemático, y los ingenieros aquí presentes lo saben muy bien: si tenemos 4 incógnitas, para resolverlo necesitamos 4 ecuaciones. El economista holandés Jan Tinbergen lo explicó, pero adaptado a la macroeconomía, en 1956 y por ello le dieron el premio Nóbel de economía.
Sucintamente, aparte del tipo de cambio recontra alto para promover las exportaciones y por ende el crecimiento del PBI y el empleo, las retenciones del 20% a los productos primarios de exportación, el derecho uniforme a las importaciones del 10% eliminan el déficit fiscal y la inflación conjuntamente con la meritocracia estricta en la carrera de la administración pública. Una cuarta medida importante seria adoptar un sistema monetario similar al de Chile que indexa los depósitos plazo fijo a más de tres meses y le otorga u interés anual del 2% y en términos reales, lo cual es importante para terminar con la fuga de capitales y su contra-partida: el problema de nuestra enorme deuda externa
Como refuerzo, menciono, diez medidas consistentes con el logro de los objetivos fijados, tales como los que hemos expuesto en detalle en nuestro libro ECONOMIA POLITICA ARGENTINA de editorial La ley de 1924, saber:
1.- Reitero, sistema monetario a la chilena donde todos depósitos a plazo fijo en pesos argentinos a más de 3 meses estén indexados con el IPC al igual que todos los contratos a más de 3 meses.
2.-Repatriación voluntaria de capitales e incentivos para su conversión a pesos en depósitos bancarios indexados en pesos argentinos por más de 1 año en los bancos del país con un blanqueo mediante el pago del 1%, excepto para los capitales del narcotráfico y la corrupción, los que deben ser decomisados.
3.-Aumento de las reservas del Banco Central en más de 100 mil millones de dólares en dos años sobre la base de la vuelta de parte de los capitales fugados del país en los últimos 50 años que suman 400 mil millones de dólares.
4.-Baja inmediata del riesgo país de 1500 a 100 o 200 “basis-points,” como en Chile o Paraguay.
5.-Red Federal de Autopistas a 4 manos con cruces a distinto nivel para unir 1200 ciudades y pueblos del país y bajar los costos del transporte interno en un 30%, financiadas con bonos pagaderos con la recaudación del impuesto a la nafta o a la electricidad en el caso de automóviles y camiones eléctricos. Con este sistema se evitarán las 6000 muertes por choques frontales al año que ocurren en nuestras angostas viejas y obsoletas rutas, construidas hace 50 años o más: la unidad nacional, ante todo.
6.- Puerto de aguas profundas para dinamizar las exportaciones e importaciones bajando fuertemente costos de transporte internacional, dado que, a partir del partir profundización de los canales de Panamá y Suez para buques de 15 metros de calado en el 2015, los puertos del rio de la Plata y el Paraná quedaron obsoletos y deberán ser utilizados con barcazas de 6 metros de calado y 100 metros de largo como ocurre en Estados Unidos con el lago Michigan, el rio San Lorenzo y el puerto de aguas profundas de Nueva York, o el rio Misisipi y los puertos de aguas profundas del golfo de Méjico. La tasa de de retorno real de este proyecto supera el 14% en dólares de valor constante, por lo que la obra se podría financiar fácilmente mediante un contrato de concesión de obra pública a 30 años de plazo. El eventual puerto de aguas profundas que se propone en Rio Negro en Punta Colorada solo serviría para exportar gas licuado, petróleo y productos petroquímicos
7.- Eliminación de las leyes laborales de despido para todos los nuevos contratos de trabajo y su reemplazo por un depósito indexado en los bancos del 8% del salario mensual a favor de los trabajadores para su pago en casos de despido y eventualmente acrecentar los haberes jubilatorios.
8.-Aumento automático de la demanda de trabajo del 20% dado que el trabajo tiene una elasticidad precio de demanda -0.20 y los empresarios consideran a los salarios como un costo salarial en dólares y no en pesos. A los trabajadores por el contrario les interesa el poder adquisitivo del salario en pesos, el que aumentará por la mayor demanda de trabajo
9.- Mas aumento todavía en la demanda de trabajo al 8% anual dado que la elasticidad-ingreso de la demanda de trabajo con tipo de cambio recontra alto es de 1, o superior, lo cual determinará un crecimiento de las exportaciones en términos reales del 20% anual, y esto a su vez tendrá un efecto multiplicador sobre el PBI que crecerá al 8% anual por 20 años y facilitará un gran crecimiento en el empleo también al 8% anual
10.- Cómputo como pago a cuenta del impuesto a las ganancias de las escuelas de entrenamiento de la fuerza de trabajo que deberán establecerse en las mismas empresas privadas con un régimen similar al que estableció Perón en 194ó-47
11.-Sanción de quince leyes desarrollistas más propuestas en el LIBRO AZUL del diputado Conesa publicado especialmente por el Congreso en 2017
Muchas gracias por escucharme, no sin antes aclarar que los puntos de vista expuestos por mí son estrictamente personales, y ellos en nada comprometen al Club, dado que respeto la maravillosa diversidad de opiniones que existen en él.

Estimado Eduardo Conesa, Argentina no tiene ningun problema economico, si ud devalua al doble o no, si ud lleva el deficit fiscal a cero, si ud dolariza con ayuda de EEUU, si ud toma todas las medidas propuestas, jamas va a resolver el problema economico, " LA ECONOMIA NO ES LA CAUSA , ES LA CONSECUENCIA", Argentina tiene un solo problema que es " CORRUPCION", EN 40 AÑOS DE DEMOCRACIA se robaron mas de 250.000 millones de dolares, hace 30 años estudiamos el tema y tenemos toda la documentacion, y NADIE INVIERTE EN EL MUNDO EN UN PAIS DE CORRUPTOS, Y hasta ahora Milei con la ley bases y demas no actuo ni con el 1% de la corrupcion reinante, sacando a la mitad de todos los empleados publicos no llega al 5 % de lo robado, Y SI NADIE INVIERTE EN UN PAIS DE CORRUPTOS, JAMAS resolvera la pobreza, la indigencia, las villas miserias, o ud invertiria en Afganistan, Venezuela, Corea del Norte, Cuba, si le ponen las condiciones que ud propone, ESTOY SEGURO QUE NO INVIERTE, EN www.joseluiskelly.ar encontrara 150 propuestas para en menos de un año ser un pais de primera, donde la economia ocupa el 7 lugar, si no resolvemos los 6 anteriores olvidese nadie invierte, Y CUANDO DIGO NADIE INVIERTE ME REFIERO PRIMERO A LOS ARGENTINOS Y LUEGO A LOS EXTRANJEROS, un placer, a su disposicion
ResponderBorrarLa forma mas eficiente para luchar contra la corrupción es la meritocracia en la administración pública, un punto esencial de mi propuesta. Crea entre los funcionarios un control interno recíproco. Este sistema se usó con éxito en Alemania, Japón y todos los países desarrollados. Podés leer al respecto ‘Japan as Nº1’ escrito por Ezra Vogel, publicado por Harvard University Press.
ResponderBorrar